Cómo encontré el camino hacía las letras

Estudiar Letras Hispánicas no siempre figuró en mi lista de intereses. En mis primeros diecisiete años de vida quise dedicarme a muchas cosas, todas ellas diferentes entre sí. A cada persona que me preguntaba qué iba a estudiar le daba una respuesta distinta: enfermería, docencia, veterinaria, arqueología, biología marina, artes plásticas, astronomía, recursos humanos, artes visuales, todas “las habidas y por haber”. No obstante, cuando llegó el momento de plantearme seriamente qué rumbo tomaría mi formación académica me quedé sin respuestas. Claramente no podía estudiar todo “lo habido y por haber”, debía tomar una decisión. Me aterraba tanto la idea de equivocarme de carrera, que preferí evadir el tema y no hacer trámites a la universidad en el calendario que me correspondía. Sin embargo, no podía hacer eso para siempre, así que los próximos seis meses me dediqué a buscar planes de estudio de diversas carreras, pero ninguna me convencía. Fue así que, en medio de una crisis existencial, me refugié en la literatura y, mientras leía mi libro favorito, la respuesta llegó a mí como revelación divina: Letras Hispánicas. 

Mi experiencia en la carrera es similar a la saga de Harry Potter: en los primeros dos libros todo es muy bonito y color rosa, mientras que el resto de las publicaciones se destacan por el tono oscuro en el que se torna la trama. Desafortunadamente, el asombro que tenía respecto a la carrera fue decayendo a partir del tercer semestre. No solo debido a la pandemia, sino también por la desorganización administrativa del departamento de letras, ya que muchos de los estudiantes nos hemos visto obligados a alargar la carrera a causa de eso. Con relación a la malla curricular no tengo ningún inconveniente. Considero acertada la disposición de las materias de cada semestre, puesto que abordar literaturas de diferentes espacios geográficos, pero de un siglo en concreto nos brinda un mejor panorama del mundo en el que fueron escritas las obras.

Mis áreas de interés respecto a la carrera fueron tres en un inicio: diseño editorial, docencia y periodismo. No obstante, y como suele ocurrir, algunos de mis intereses fueron cambiando conforme avancé la licenciatura, por ejemplo, el periodismo ya no es prioridad para mí. En cambio, sí lo es la docencia, ya sea de lengua o literatura, debido a que considero que la educación puede cambiar el estado social en el que nos encontramos. Benito Taibo dijo: “Somos lo que hemos leído, o seremos, por el contrario, la ausencia que los libros han dejado en nuestras vidas” (2015). Así pues, esta frase es significativa para mí porque reafirma la creencia (muy romántica, tal vez) de que los libros pueden cambiar a una sociedad. En este sentido, también me interesa la gestión de proyectos culturales, sobre todo para comunidades marginadas, ya que en estas las familias no suelen tener acceso a libros, cine o arte por causas económicas, puesto que son costosos.  

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